Los hippies eran el símbolo
de la revolución y Richard Nixon era el representante universal de los valores
americanos, que estaban siendo corroídos por un grupo de pacifistas floreados, que
cabalgaban en territorio del rock and roll y cuyo reinado estaba en manos de Elvis
Presley.
El Rey, dejaba su estela en cada teatro. Con
el poder que ejercía sobre la masa, podía conducir sus estudiados temblores pélvicos en
distintas direcciones, generando "pequeñas muertes" en las atónitas
quinceañeras. La multitud lo amaba y eso atrajo hasta el presidente de los Estados
Unidos.
A principios de 1970, el salón Oval de la
Casa Blanca, estaba atiborrado de asesores que gestionaban la promesa de finalizar la
guerra de Vietnam. El proceso de "vietnamización" iniciado con la subida de
Richard Nixon a la presidencia de Estados Unidos en 1969, se aceleró en los años
posteriores, y la acumulación de efectivos militares americanos no los estaba llevando a
la victoria.
A raíz de la fuerte corriente de oposición interna
a las políticas "asiáticas", Nixon hizo pública una propuesta de paz en
octubre de 1970 para poner fin a la guerra, pero el nuevo plan fue rechazado por el
Vietcong, Unión Soviética, Vietnam del Norte y República Popular China.
Nixon, estaba abrumado. El sentimieto
anti-nacionalista y el creciente consumo de drogas estaba colapsando al país. Sin embargo
el niño inseguro y tembloroso del rock and roll, que adornaba su cara con enormes
patillas, deseaba ayudar al mandatario. No hubo necesidad de un movimiento de caderas,
sólo un manuscrito de seis páginas sedujo al jefe máximo.
"Yo soy Elvis Presley, lo admiro y tengo
un gran respeto por su cargo. Hace tres semanas atrás hablé con el vicepresidente Agnew
y le expresé mi preocupación por nuestro país".
El Rey, en diciembre de 1970, estaba
registrado en el Hotel
Washington bajo el seudónimo de Jon Burrows y junto
a dos asistentes ocupaban las habitaciones 505-506-507. La estadía en la capital sería
larga, probablemente, hasta que el presidente decidiera dar un relajo en sus actividades
para recibir a tan novedosa visita.
Sin embargo, la entrevista no era para hablar
del éxito del Presley, de las aventuras militares, ni de los gustos musicales de Nixon.
Presley, al igual que el arrendatario de la Casa Blanca, estaba hastiado de la cultura del
alcohol, drogas, hippies y Panteras Negras que consolidaba el nuevo
"establishment" norteamericano.
"Señor, puedo y prestaré cualquier
servicio que pueda para ayudar al país. Yo no tengo otros motivos ni razones, sólo deseo
ayudar al país. De este modo, no quiero que se me entregue un título o se me asigne un
puesto especial. Yo puedo y haré bien si fuera un Agente Federal libre, así ayudaría a
mi manera a través de mi comunicación con gente de todas las edades. Principalmente yo
soy un entretenedor, pero todo lo que yo necesito es la credencial federal.
Entonces, la guerra continuaba. Las
manifestaciones se sucedían al ritmo de Jimi Hendrix, Grateful Dead, Santana y la
evolución de la música juvenil se inspiraba en las drogas y en el idealismo de los
nuevos tiempos, cuya máxima expresión había sido Woodstock en 1969. Presley, estaba al
otro lado del río, retratado con el mismo traje que lo vio llegar desde el ejército y
con la misma fobia comunista emprendida por Kissinger en los países latinoamericanos.
"He realizado un estudio en profundidad
del abuso de drogas y las técnicas comunistas de lavado de cerebro, y estoy justo en el
medio de todo esto, donde yo puedo y haré lo mejor."
Nixon no tardó en contestar. El día lunes
21 de diciembre a las 12:30 se reunieron en la casa Blanca. Elvis, lucía una traje negro
y una camisa con un cuello enorme, en contraste con una tenida muy formal del Presidente,
el que antes de iniciar la conversación se fotografió con el icono cultural
norteamericano, mientras un asesor de confianza, Bud Krogh, con libreta en mano,
transcribía todos los detalles del encuentro.
Para nadie era sorpresa el pensamiento
nacionalista de Presley, sobre todo por el acto ejemplar de cumplir con el servicio
militar en el esplendor de su carrera. Ese era un acto de amor a la patria.
Contrariamente, las nuevas generaciones de post guerra sólo querían vivir el amor y la
paz.
El rock and roll Inglés estaba socavando los
románticos escenarios de Memphis y la antipatía hacía la imagen del gobernante hundía
las bases de un gobierno que tendría una muerte tan escandalosa como la del Rey del rock.
Estaban juntos para poner fin a la bala que les disparó en el rostro.
Ambos creían dominar sus respectivos
territorios y para eso estaban, para poner orden. Nixon estaba preparado, sus asesores
tenían la certeza de que Presley era un gran pez y debía capturarlo con precisión, no
debían dejar centímetro libre. Para ello confeccionaron un memorándum que detallaba el
propósito de la conversación y las sugerencias que el mandatario debía hacerle al
cantante.
En esos días, los suburbios aún lloraban la
muerte de Janis Joplin y Jimi Hendrix, los héroes de la sicodelia. Ambos, congelaron sus
venas y dejaron de suspenderse en los escenarios por el consumo de estupefacientes, tal
como otro que estaba a punto de traspasar la línea. De esa manera, el memorándum
presidencial notificaba la necesidad de hacer una campaña anti drogas y Presley la
encabezaría.
Sin embargo, al rey le agradó mucho más la
idea de trabajar como Agente Federal para salvaguardar los propósitos de la nación y
tomar contacto con grupos de jóvenes hippies que lo habían aceptado. Estaba exitadísimo
con la posibilidad de ser un informante del gobierno, pero por una extraña razón Nixon
estaba inquieto. Aún así, acordó entregar una placa de Agente Federal de Narcóticos
que llevaría el nombre de Elvis Presley.
El presidente deseaba que Presley mantuviera
su credibilidad. Dicho de otra forma no quería que el cantante fuese descubierto. Presley
necesitaba espantar los malos espíritus provocadores de una ideología anti-americanista
encarnada en los Beatles.
"Presley indicó que pensaba que Los
Beatles habían sido una fuerza real para el espíritu anti-americano. El dijo que Los
Beatles vinieron a este país, hicieron su dinero, y luego regresaron a Inglaterra, donde
ellos promovieron un tema anti-americanista".
Bud Krogh, el asistente de Richard Nixon,
escribió cada una de las frases emitidas en el "meeting", en cinco párrafos,
de una manera escueta, casi telegráfica en cuya conclusión señaló.
"...y después, en una sorpresa, en un
gesto espontáneo, (Elvis) puso su brazo izquierdo alrededor del presidente y lo
abrazó"
La reunión había terminado, y el emotivo
abrazo selló el encuentro. Nixon salió del salón a despedir a su invitado. Sin sacudir
precisamente su cintura, la estrella de rock tomó la mano del mandatario y la movió como
un escalofrío frente al micrófono. El presidente seguía dudando, y antes que Presley
diera media vuelta, mencionó el asunto de la credibilidad, pero seguramente había
recordado en ese instante la respuesta que el rey había señalado minutos antes:
"Yo hago mis pensamientos sólo
cantando, no podría llegar a los chicos haciendo un discurso en el escenario".
La bandera Norteamericana estaba flameando en
la Casa Blanca, como siempre. Seguramente, al salir de esa inmensa construcción, Presley
repitió en su mente las frases con que reiteradamente logró persuadir al presidente.
Elvis estaba del lado de Nixon y sentía que el respeto al emblema se estaba perdiendo
entre los drogadictos, los disidentes y las protestas. Él fue un pobre chico de Tennese
que llegó a ser una personalidad mundial gracias a su país, y éste, le retribuía
semanas después con una nominación a través del Chamber of Commerce como uno de
los diez jóvenes americanos más sobresalientes.
Había que rastrear a todos los traficantes y
drogadictos que estaban destruyendo el país al ritmo del rock and roll. Obviamente,
Richard Nixon no se detuvo, no podía tolerar que la juventud siguiera el ejemplo de los
1022 drogadictos que en 1970 habían muerto en Nueva York, y donde 208 tenían sólo
quince años. Tal vez, eran esos mismos chicos que alborotaban sus casas con el sonido de
Elvis.
Pero los nuevos héroes musicales morían de
sobredosis de estupefacientes y no se mezclaban con la clase política. Los nuevos
ídolos, tocaban con guitarras distorsionadas y llamaban a probar la marihuana. Los nuevos
líderes juveniles repudiaban la guerra.
En tanto, los sabuesos Federales seguían la
pista de los enemigos de la nación y desde el año 1973, Elvis Presley era seguido por
varios agentes del FBI. Ellos descubrieron que el niño inocente y pulcro del nuevo
sonido, era adicto a la cocaína. Los fanáticos de Elvis se preguntan, por qué la
Oficina Federal no intervino para salvar la vida del ídolo.
Ciertamente, el FBI conoció todos sus pasos,
incluso, los documentos señalan que Presley era "sicológiamente adicto y un heavy
usuario de la cocaína". Pero los contactos con la droga no terminaban allí. El Rey,
tuvo lazos con Joe Pagano, un conocido mafioso ligado al mundo del entretenimiento.
Los meses transformaban a Elvis en un
brillante ejemplo de decadencia. Los anteriores habían muerto con más dignidad, bajo una
exceso de drogas que los paralizó en un instante, ahogando el grito contra las leyes
impuestas. Él, estaba en la agonía, hasta que llegó el 16 de agosto de 1977.
Ginger Alden, su última novia, lo encontró
tirado en el piso de un baño de la mansión Graceland en Memphis. Nadie pudo contener el
desenlace. A las 3.30 AM producto de un ataque al corazón murió en la misma ciudad que
le dio la fama.
Nixon, luego del caso Watergate ya estaba en
su casa, después de haber traicionado los valores americanos con un sucio juego ilegal.
Donde esos principios tan importantes para la nación eran parte de la basura.