
Estos mataron a Allende... (Robinson Rojas)Título: Estos
mataron a Allende. Reportaje a la masacre de un pueblo.
Autor :
Róbinson Rojas
Fecha : 1a. Edición. Octubre 1974
Editor: Ediciones Martinez Roca, S.A.
Ciudad: Barcelona
Pais : Espana
ISBN : 84-270-0266-1
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Apéndice (páginas 287-299)
El Pentágono, la C. I A., Kissinger y los generales
de la junta chilena
En los últimos veintidós días de septiembre de 1974
ocurrieron tres sucesos dramáticos,dos en Estados Unidos y uno en Argentina, los cuales,
aparentemente desconectados entre sí, fueron, sin embargo, parte de la trama que conduce
a conocer el argumento completo del derrocamiento sangriento del gobierno constitucional
de Chile en septiembre de 1973, la participación de sectores de poder de los Estados
Unidos en él, y las maniobras que hoy se hacen para ocultar a los verdaderos actores
estadounidenses de esa trágica pieza fascista.
Los tres sucesos son los siguientes:
1) El «New York Times», el 8 de septiembre, da a conocer pruebas
irrefutables (con los Extractos del testimonio del propio jefe de la CIA) de los esfuerzos
del gobierno norteamericano, entre 1970 y 1973, para derrocar al gobierno chileno de la
época.
2) El presidente de los Estados Unidos, en una conferencia de prensa
sostenida el 17 de septiembre, admite como válidos los esfuerzos del gobierno de su país
para derrocar al extinto presidente Allende, de Chile.
3) El 30 de septiembre, es asesinado en Buenos Aires el ex comandante
en jefe del ejército chileno, general de división (R) Carlos Prats González.
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Los dos primeros sucesos dejaban en claro las siguientes cosas:
La CIA gastó más de ocho millones de dólares entre 1970 y 1973 para derribar el
gobierno legal de Chile, y lo hizo con el visto bueno, la aprobación y la complacencia
del presidente de los Estados Unidos; el secretario de estado Henry Kissinger aprobó
personalmente el complot. El actual presidente de los Estados Unidos encuentra
«moralmente» apropiado que la Casa Blanca conspire para cambiar gobiernos en otros
países.
Hasta aquí, todo claro, excepto por un pequeno, importante, y
fundamental detalle.
No fue la CIA la que tuvo un papel fundamental en los
preparativos para elderrocamiento y asesinato de Allende y posterior masacre del pueblo
chileno. Al revés, la CIA cometió errores de apreciación (asesinato del comandante en
jefe del ejército chileno en octubre de 1970, general de división René Schneider) y de
subestimación de la capacidad de organización del pueblo chileno (gran huelga
empresarial de octubre de 1972). Errores que le costaron perder «el liderato» en el
complot norteamericano para acabar con el gobierno constitucional de Santiago. Y no fue la
CIA, sino el Pentágono quien convenció, sobornó y planificó, en unión con los
actuales generales de la Junta fascista chilena, el asesinato de la democracia en mi
país.
Asi pues, la publicación en septiembre de 1974 de los
testimonios de William E. Colby, Director de la Agencia Central de Inteligencia, dados en
abril del mismo año en una audiencia top-secret del senado norteamericano, ¿para qué
servia en realidad? Notoriamente, para dos propósitos: uno, hacer de la CIA un chivo
expiatorio norteamericano de la ingerencia del gobierno de Washington en los sucesos de
Chile, y, dos, para «desestabilizar» la posición del Secretario de Estado Henry
Kissinger en la actual politica interna de los Estados Unidos.
Del segundo suceso no me ocuparé aquí porque corresponde a
problemas internos de la politica de los Estados Unidos, que no me incumben. Pero del
primero si me ocuparé, porque tiene que ver con el infierno que los generales del
Pentágono, via sus títeres militares en las fuerzas armadas chilenas, desataron en mi
patria.
¿Para qué -podia uno pensar- se destapaba asi, en septiembre de 1974,
el papel intervencionista de la CIA en los asuntos politicos internos de Chile? Claro,
para ocultara culpabilidad de los verdaderos protagonistas del drama: los generales del
Pentágono. Y eso, porque los hechos y los dichos de los generales títeres chilenos
estaban causando una tal conmoción en el mundo, incluyendo la opinión publica de los
Estados Unidos, que necesariamente debía llegar el momento en que los políticos de este
país tuvieran que responder a la inquietud de sus electores, sobre todo teniendo en
cuenta los renovadores aires de Watergate.
En suma, para nosotros los chilenos, conocedores del interior de
la trama que puso al fascismo en el cuello del pueblo chileno, estaba claro la noche del 8
de septiembre que el «nuevo Watergate» desatado por el «New York Times», señalando a
la CIA y a Kissinger como chivos expiatorios del golpe de Chile, ocultaba las manos del
Pentágono en el suceso.
Dos hechos posteriores lo probaron. Uno ocurrió el 9 de
septiembre, cuando Kissinger autorizó a su vocero, Robert Anderson, para decir que «el
Comité de los 40 actúa solamente con la aprobación unánime de sus cinco miembros». .
y que «el Comité de los 40 somete sus decisiones a la aprobación personal del
Presidente, antes de llevarlas a cabo». («The New York Times», 11 de septiembre 1974,
en la crónica «Censored Matter in Book about CIA Said to Have Relate Chile
Activities»).
Kissinger esquivaba el bulto de dos formas: pasando la
responsabilidad al caído señor Richard Nixon, y apuntando con el dedo a la composición
de los cinco miembros del Comité de los 40, organismo superior de inteligencia de los
Estados Unidos...¡en el cual tienen mayoría de votos los representantes del Pentágono!
Veamos la composición del Comité de los 40:
1) El señor Henry Kissinger que, por su cargo, tiene que tomar en
cuenta los informes de seguridad nacional proporcionados por el Pentágono sobre cualquier
tema importante; 2) el presidente del Estado Mayor General Conjunto (Joint Chiefs of
Staff), es decir, el superjefedel Pentágono; 3) el subsecretario de Defensa, es decir, un
funcionario directamentemanejado por el Pentágono; 4) el subsecretario de Estado para
asuntos políticos directamente bajo la presidencia de la República, y 5) el director de
la CIA.
En suma, tal como lo pensó el asesinado presidente John Kennedy
al crear el Comité de los 40 después de la frustrada invasión a Cuba de la CIA en 1961,
este comité ponía a la CIA bajo la vigilancia del Pentágono y de la presidencia de los
Estados Unidos...¡Y eso, probablemente, era lo que queria señalar.
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Kissinger, a través de su vocero, el 9 de septiembre, en un
intento de defenderse del Watergate que se le venía encima...! ¡señalar que si la CIA
actuó en Chile, lo hizo por aprobación del Pentágono y del Presidente Nixon!
Tres semanas más tarde, vino el asesinato del ex comandante en
jefe del ejército chileno, residente en Buenos Aires desde una semana después de haber
triunfado la conspiración Pentágono-generales fascistas chilenos, el general de
división (R) Carlos Prats González.
¿Por qué asesinar a Prats ahora? Porque Prats, como jefe del
ejército chileno hasta fines de agosto de 1973, conoció las maniobras del Pentágono
para derrocar a Allende, conoció el «informe Perú» del Pentágono leido a los
generales chilenos en noviembre de 1972, conoció las instrucciones de jefe del Estado
Mayor General Conjunto de los Estados Unidos (uno de los cinco del Comité de los 40), a
los generales chilenos para derrocar el régimen constitucional de Chile, y conoció tanto
todo esto, que a fines de agosto de 1973 renunció a su cargo de comandante en jefe para
no ser cómplice de la desverguenza universal que seiba a dejar caer sobre el generalato
chileno a partir del 11 de septiembre.
En una palabra: el ex jefe del ejército chileno era el único
testigo de graduación maxima en situación de decir que no había sido la CIA sino el
Pentágono el jefe del complot para asesinar la democracia chilena. Había que asesinarlo.
(Esto no es nuevo para la opinión pública norteamericana. La lista de testigos clave
asesinados a propósito de los asesinatos de John Kennedy, Martin Luther King, Robert
Kennedy y otras figuras menores es interminable).
Nueve puntos
Sin embargo, es bueno acercarnos más al detalle del asunto. De
acuerdo a la crónica firmada por Seymour M. Hersh, del «New York Times» del 8 de
septiembre de 1974, las declaraciones del señor Colby (director de la CIA), el dia 22 de
abril, al Subcomité de Inteligencia sobre los Servicios Armados de la Camara de
Representantes, podrían resumirse en nueve puntos fundamentales:
1.0 Las operaciones de la agencia, desde 1970 hasta 1973, fueron
consideradas como una prueba para la técnica de utili-
290
zar fuertes pagos en efectivo a fin de derribar un gobierno considerado
como antagónico para los Estados Unidos.
2.0 El señor Colby afirmó también que todas las operaciones de
la agencia contra el Gobierno Allende fueron aprobadas por adelantado en el Comité de los
40 en Washington, un organismo secreto de alto nivel para la inteligencia dirigido por el
secretario de Estado Kissinger
(...es decir, el Comité de los 40, en el cual tiene mayoría de votos
el Pentágono, autorizó a la CIA su intervención de apoyo a las maniobras del Pentágono
para poner a los generales títeres chilenos en el poder, destruyendo la democracia
chilena).
3.0 El testimonio del señor Colby indica que altos funcionarios
en el Departamento de Estado y la Casa Blanca engañaron repetida v deliberadamente al
público y al Congreso acerca de la magnitud de la acción de los Estados Unidos al
introducirse en los asuntos internos de Chile durante los tres años del gobierno del
doctor Allende (los recientes sucesos de Watergate no hacen de este hecho una novedad para
el público norteamericano).
4.0 El señor Colby testimonió que 500.000 dólares fueron autorizados
secretamente por el Comité de los 40 en 1970 para ayudar a las fuerzas anti-Allende.
Otros 500.000 dólares fueron proporcionados a las mismas fuerzas en 1969, dijo el señor
Colby. (Esto tiene que ver con el primer gran fracaso de la CIA en Chile contra Allende,
en octubre de 1970, cuando el Pentagono debió intervenir incluso para exigir a Nixon que
ordenara a la CIA desistir de su descabellado plan para impedir que Allende fuera ungido
presidente en el Congreso chileno, el 24 de octubre de ese año).
5.0 Testimonió que habían sido autorizados 350.000 dólares por
el Comité de los 40 en un fracasado esfuerzo para sobornar a miembros del Congreso
chileno. El soborno era parte de un complot mucho más complicado cuyo fin era desconocer
los resultados de la elección (presidencial), aseguró el señor Colby, pero todo el
plan, aunque inicialmente aprobado por el Comité de los 40, fue más tarde rechazado por
impracticable. (Es una verdadera lástima no contar en la actualidad con un testigo
responsable del Pentágono, para saber si esta historia de los sobornos se repitió con
los generales que actualmente mantienen al pueblochileno bajo la bayoneta.)
6.0 El director de la CIA también dijo que después de la
elección de Allende, el Comité de los 40 autorizó cinco millo-
291
nes de dólares para mayores esfuerzos de «desequilibrio» en 1971,
1972 y 1973. Una cantidad adicional de un millón y medio fue proporcionada para ayudar a
los candidatos anti-Allende en las elecciones generales del año pasado. Algunos de esos
fondos fueron proporcionados, testimonió el señor Colby, a un periódico influyente
anti-allendista en Santiago, al cual no identificó (a partir de 1972, esta parte del
trabajo de la CIA se hizo en concordancia con el trabajo del Pentágono: mientras la CIA
«desequilibraba», el Pentágono «equilibraba» a los generales chilenos en torno al
plan para destruir la democracia chilena. La CIA hacia el trabajo sucio público, mientras
el Pentágono hacia el trabajo sucio secreto.)
7.0 El señor Harrington (representante demócrata por
Massachusetts que reveló el testimonio Colby en carta del 18 de julio de 1974) señaló
que «se proveyeron fondos a personas, Partidos politicos y medios de comunicación en
Chile, a través de canales en otros países, tanto en America Latina como en Europa... La
descripción de esas operaciones por parte del señor Colby fue directa, aunque no hasta
el punto de identificar los contactos y conductos reales», añadió el señor Harrington.
8.0 El señor Harrington citó al señor Colby testimoniando que
el Comité de los 40 autorizó un gasto de un millón para actividades de «un mayor
desequilibrio politico» en agosto de 1973, un mes antes de que la junta militar se
hiciera con el poder en Santiago... «Todo el plan autorizado en agosto fue cancelado
cuando ocurrió el golpe militar menos de un mes más tarde», escribió el señor
Harrington. Agregó que, sin embargo, el señor Colby había testimoniado que habían sido
gastados 34.000 dólares de esos fondos, incluyendo un pago de 25,000 dólares a una
persona para comprar una radioemisora... (Esto demuestra cómo el Pentágono, por encima
del Comité de los 40, y por lo mismo, por encima del Presidente Nixon, llevaba adelante
su propio complot en Chile, sin contarle a nadie los detalles... ¿Cómo se llama esto?
¿Un estado dentro de otro estado? ¿Una especie de gobierno militar-industrial más
arriba de la Casa Blanca cuando es necesario?)
9.0 Complementando las declaraciones del señor Colby, los
reporteros del «New York Times» consultaron a funcionarios de gobierno y obtuvieron
esto: «en el período antes del golpe», dijo un funcionano, «en el Comité de los 40
había el convencimiento absoluto.. de que el gobierno Allende estaba destinado a
desmoronarse y que era necesario desacreditarlo en todos los
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aspectos... El Departamento de Estado apoyaba esto, pero de un modo
diferente... La discusión era entre aquellos que deseaban usar la fuerza y terminar
rapidamente con él (el gobierno chileno) y los que deseaban que se desmoronara solo.
Henry Kissinger estaba del lado de los primeros...
Todos los funcionarios entrevistados pusieron énfasis en que la
Agencia Central de Inteligencia no fue autorizada para jugar ningún papel directo en el
golpe que derrocó a Allende». (Este punto es muy importante. Prueba que Kissinger
actuaba según había decidido el Pentágono ya en noviembre de 1972 -derribar a Allende
con un golpe militar dirigido por los generales chilenos al servicio del Ministerio de
Defensa de los Estados Unidos, que el Departamento de Estado no sabia del «plan duro»
del Pentágono, y que el Comité de los 40, manejado por el Pentágono, había prohibido a
la CIA entorpecer con acciones directas el complot altos mandos Estados Unidos-Chile en
marcha ininterrumpida desde fines de 1972).
En suma, Kissinger, el Departamento de Estado y la CIA, aunque
cómplices en el derrocamiento del gobierno constitucional de Chile, jugaron un papel
secundario en comparación con el Pentágono, director verdadero de toda la trama.
¿Quién gobierna a quién?
En Chicago, el 16 de septiembre de 1970, cuando Kissinger era
funcionano del Pentágono, es decir era asesor de Nixon para asuntos de seguridad
nacional, dijo, de acuerdo al «New York Times» del 11 de septiembre de 1974:
«...La asunción de Allende (a la presidencia) en Chile
presentará masivos problemas para nosotros, y en verdad para todo el hemisferio
occidental... ustedes tendrán un gobierno comunista en un país principal
latinoamericano, junto a, por ejemplo, la Argentina, que está profundamente dividida... a
Perú, que ha estado ya caminando en direcciones dificiles de tratar... y Bolivia, que ha
ido en una dirección más a la izquierda, más anti Estados Unidos... Estamos siguiendo
de cerca la situación. Y ella no es una en la cual sea muy grande nuestra capacidad para
influir...»
El señor Kissinger, en esta apresurada declaración hecha sólo
doce días después que Allende ganara las elecciones presidenciales chilenas, cometió
dos errores que sus jefes immedia-
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tos en asuntos de seguridad no cometieron: primero, Kissinger calificó
a Allende de comunista, lo cual estaba muy lejos de la realidad, tanto, que pocas semanas
después el propio Pentágono estuvo de acuerdo con el informe de los generales chilenos
acerca de que Allende podía hacer un gobierno que aplacara el ardor revolucionario del
pueblo chileno, impidiendo, precisamente, la revolución social en Chile... las esperanzas
del Pentágono fueron frustradas por el empuje del pueblo chileno, y en noviembre de 1972
cambió de opinión y estimó que no había otra salida...para la seguridad de los Estados
Unidos... que estrangular la democracia burguesa en Chile.
Segundo, Kissinger señaló públicamente el itinerario de los
«esfuerzos» de las fuerzas monopólicas que gobiernan en Washington para cambiar
gobiernos en America Latina: Argentina, Perú, Bolivia, Chile. Hoy, cuatro años más
tarde, cada lector puede sacar sus propias cuentas, tanto en gobiernos derrocados como en
conspiraciones frustradas con la marca made in USA.
Pero, vamos a la esencia del asunto, ¿por qué el Pentágono
ordenó a los generales chilenos asesinar a Allende y a la democracia burguesa chilena?
Para impedir por medio de ese asesinato real e histórico, aunque transitoriamente, que el
pueblo chileno hiciera la revolución social y se liberara del control quc sobre él
tienen los grandes consorcios multinacionales con casa matriz en Estados Unidos. Dicho de
otro modo, los generales chilenos, al derrocar a Allende, lo hicieron para proteger,
primero, los intereses de grandes empresas monopólicas norteamericanas, y, segundo, los
intereses de grandes empresas monopólicas chilenas.
Los hechos posteriores al 11 de septiembre de 1973 prueban esto,
y hacen comprender por qué el Pentágono, complejo militar estrechamente ligado a los
intereses monopólicos de los grandes consorcios norteamericanos, fue el jefe de toda la
conspiración.
Quince días después del golpe militar, el 26 de septiembre de
1973, los generales chilenos piden al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos un
préstamo de 24 millones de dólares para comprar trigo. Era el mayor credito pedido en la
historia de Chile para ese propósito al gobierno de Washington. El 24 de octubre... menos
de treinta días después... fue concedido. Veinte días mas tarde, el 14 de noviembre, el
mismo Departamento de Agricultura concede un préstamo de 28 mi-
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llones de dólares a los generales chilenos, para comprar maíz, en los
Estados Unidos, por supuesto.
Es bueno saber que durante el período de Allende, tres años,
ese departamento yanqui le concedió prestamos por tres millones de dólares. A los
generales, en dos meses, 52 millones de dólares.
El 9 de noviembre, es decir, cinco días antes, el Manufacturers
Hannover Trust de Nueva York presta 24 millones de dólares a los generales «para compra
de artículos de consumo habitual».
El dia 2 de marzo de 1974, el ministro de Economia de los
generales, Fernando Léniz, en el periódico «El Mercurio» señala que «ya hemos
concretado los siguientcs préstamos: 95 millones de dólares del Fondo Monetario
Internacional; 10 millones de la AID; 13 millones del Banco Mundial; 93 millones del Banco
Interamericano de Desarrollo; otros 50 millones del BID prometidos para septiembre, y uno
adicional del mismo banco de 24 millones de dólares para 24 meses»... y que «existen
varias operaciones crediticias en marcha con empresas del area privada de Estados Unidos y
otras naciones».
El 6 de abril, «El Mercurio» informa que el EXIMBANK ha
otorgado garantía para los créditos de empresas privadas norteamericanas a Chile a corto
y mediano plazo, y el general de brigada Eduardo Cano, presidente del Banco Central de
Chile, dice que «la decisión de EXIMBANK muestra la confianza de la comunidad financiera
internacional en las favorables perspectivas de la economía chilena»...
Al parecer, la «comunidad financiera internacional» so refiere
a los Estados Unidos. Es cuestión de sacar las cuentas. 285 millones de dólares de las
alegres cuentas de Léniz, más 52 millones del Departamento de Agricutura y 24 millones
del Hannover Trust, hacen 360 millones de dólares para los generales chilenos en seis
meses.
Hay que comparar estas cifras del Banco Central de Chile: préstamos de
la misma categoría en 1967: 124 millones de dólares; en 1968: 304 millones de dólares;
en 1969: 263 millones de dólares; en 1970: 148 millones de dólares; en 1971: 45 millones
de dólares; en 1972: cero; en 1973, hasta el derrocamiento de Allende, cero.
Hay más cifras. Como la petición de la Junta al BID, en mayo
de 1974, por 297 millones de dólares adicionales. Como las nuevas inversiones de
consorcios como Dow Chemical, Ge-
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neral Motors, Ford Motor y ADELA, como los pagos de indemnización por
42 millones de dólares para la Cerro Corporation (el gobierno derrocado había fijado en
31 millones esa indemnización), y de 253 millones de dólares a la Anaconda (Allende
habia fijado una «indirecta» de 770 millones de dólares en conjunto con la Kennecott
Corporation y nada en forma «directa».
La junta fue generosa «con la comunidad financiera
internacional» y dio 253.000.000 de indemnización «directa» adicional a la
«indirecta».
Pero no so trata de abrumar al lector con cifras. Só1o un
ejemplo más que resume la pregunta de ¿quién gobierna a quién? respecto a la junta
militar chilena. Este ejemplo:
En la edición del 26 de junio de 1974, página 4, del diario
santiaguino «La Tercera», se leía la siguiente noticia:
«Con la asistencia del Presidonte de la Junta de gobierno,
general Augusto Pinochet Ugarte; el almirante José Toribio Merino, miembro de la Junta, y
el ministro de Relaciones Exteriores, vicealmirante Ismael Huerta, fue inaugurada en la
tarde de ayer en el edificio Diego Portales la reunión que sostienen autoridades del
gobierno y represontantes del sector privado de nuestro país con 168 empresas afiliadas a
la Business International Corporation»... «dio la bienvenida... el general Augusto
Pinochet, expresando: "Es muy significativo para nosotros que tan importante
organización internacional de hombres de negocios haya decidido organizar esta
convención en nuestro país"... y agregó: "En pocos días más será
legalizado el estatuto del inversionista, lo que orientará y alentará a miembros de
ustedes a invertir en el país CON LAS SEGURIDADES QUE POCAS NACIONES EN EL MUNDO DE HOY
PUEDEN OFRECER"...»
Y Pinochet tenía razón ¡y de qué manera!
Al día siguiente, 26 de junio, Eldridge Haymes, presidente
ejecutivo de la BIC (que reunió en Santiago a delegados de corporaciones como la Dow
Chemical, Wells Fargo Bank, General Electric, General Motors, Gulf Oil, IBM, Monsanto,
ALCAN Aluminium, y 50 otros distinguidos miembros del negocio multinacional), dijo:
...«con respecto al Pacto Andino el grupo internacional ha expresado objeciones a uno de
los artículos, el número 24»... «uno de los principales intereses del grupo visitante
es conocer el Estatuto del Inversionista Extranjero. Mientras no sea aprobado será
dificil para cualquiera de las
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empresas del Grupo adoptar una decisión final sobre sus proyectos en
Chile».
Dos días más tarde, después de cuatro reuniones entre el
grupo BIC de consorcios multinacionales y los cuatro integrantes de la junta Militar, el
almirante José Toribio Merino, declaró: «...creemos que, objetivamente, la Decisión 24
no favorece, como era su propósito, el crecimiento acelerado de la región».
Menos de quince días después, el 11 de julio de 1974, los
generales de la Junta publicaron el Estatuto del Inversionista Extranjero, en el cual se
daba libertad absoluta a los capitales (naturalmente de las empresas multinacionales) para
sacar ganancias del país, invertir «en igualdad de condiciones con los capitalistas
chilenos», y no tener limitación en los sectores en que entrarían. Todo esto, contra la
Decisión 24 del Pacto Andino. que fijaba un plazo de 15 años para nacionalizar las
empresas de capital extranjero y un tope de 14 % para el traslado de utilidades al
exterior. Fue un escándalo para el resto de los firmantes del Pacto Andino, Bolivia,
Peru, Ecuador, Colombia y Venezuela. La Junta Militar se vio obligada a enviar una misión
especial a esos países, y en el diario «La Opinión», de Buenos Aires, del 5 de
septiembre, reproduciendo las actividados de la misión chilena en Colombia, se escribía:
«Los enviados chilenos justificaron la adopción de la medida en virtud de la angustiosa
situación económica por que pasa su país y pidieron comprensión para estos pecados
veniales...». Fue sóIo el comienzo. En la reunión de Lima, en septiembre pasado, de los
países del Pacto Andino, el gobierno militar chileno fue criticado tan acromente por los
otros miembros, que la delegación chilena abandonó la reunión.
Este episodio domostraba como los generales chilenos habían
destruido la democracia en mi país para garantizar al gran capital monopólico de los
Estados Unidos sus negocios allí ...Y a qué costo... El 1 de septiembre de 1974, el
abogado británico John Platts Mills, laborista, después de estar 15 días en Chile,
declaraba: «El grado de represión y horror vigente en Chile supera al que reinó en
Alemania en la época de la dictadura de Hitler» («La Opinión», Buenos Aires, 2 de
septiembre 1974).
Y el Pentágono seguia prestando apoyo irrestricto y
confidencial a los generales chilenos a su servicio. El 14 de mayo, según declaraciones a
«El Mercurio» de Santiago, el embajador en Washington de los militares insurrectos,
general Walter Heitman, decia: «...Las relaciones entro Chile y los Esta-
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dos Unidos son excelentes... hay un manifiesto deseo de ayudarnos a
resolver nuestros problemas.
Las autoridades estadounidenses han demostrado ésto con
hechos».
Si. Como, por ejemplo, la gigantesca cantidad de armas
proporcionada por el Pentágono a los jefes del fascismo en Chile. De acuerdo a una
denuncia del periodista chileno Hernán Uribe Ortega, en el diario «Excelsior» de
México y reproducida en «La Opinión» de Buenos Aires el 11 de septiembre de 1974, más
de 200 millones de dólares en armas han salido de los almacenes del Pentágono para los
generales chilenos.
Esta es la lista: 24 cazabombarderos de ataque A-4-D Skyhawk; 18
a 24 cazas F-5-E Tiger II; 18 a 24 Cessnas T-37 y A-37-B; 24 aviones de entrenamiento
primario tipo T-41-C Cessna; dos destructores provistos de cohetes mar-aire y mar-tierra,
mar-mar; dos submarinos convencionales; dos barcos de desembarco de tropas tipo LST o LSM;
un número indeterminado de tanques M-60 y de fusiles M-16 (AR-55) y otras armas menores.
La publicación de esta lista no fue desmentida por la Junta
fascista chilena, y se limitó a despojar de la nacionalidad chilena al periodista Uribe.
La pregunta es: ¿Tiene el Congreso norteamericano alguna idea de estos 200 millones de
dólares en armas proporcionados por el Pentágono a los generales fascistas chilenos?
¿Para qué se está armando el gobierno títere del Pentágono de Chile?
¿Acaso para atacar al Perú, bajo pretexto de diferencias
fronterizas, y hacer para el Pentágono el trabajo sucio de derribar el actual gobierno
del Perú? No hay que olvidar las palabras de Kissinger aquí citadas. Según esas
palabras el Pentágono ya resolvió los problemas de hacerse de gobiernos títeres en
Bolivia y Chile... Le faltan Perú y Argentina. No sería una novedad histórica que
militares traidores a su patria le hagan el juego a una potencia extranjera, por medio de
guerras entro países pequeños.
Y ocurre que el Pentágono manejó el golpe fascista en Chile a
partir de un «informe de inteligencia» enderezado contra un protendido «revanchismo»
del actual gobierno peruano. Ocurre que los generales chilenos al servicio del Pentágono
han atizado una violenta campaña antiperuana a través de sus escribas en los diarios
«El Mercurio» y «La Tercera», de Santiago. Es como para pensar que algo grande
preparan en el cono sur de nuestra América los generales del Pentágono por medio de sus
peones militares en Chile, Pinochet, Merino, Leigh y Mendoza. ¿Será una novedad el hecho
de que el Pentágono esté preparan-
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do una guerra en algún punto del globo y el Congreso de los Estados
Unidos no tenga la menor idea?
Los hechos señalan que así está ocurriendo. Y señalan
también como el Pentágono está tratando de cubrir su retirada en el caso del golpe
militar chileno, desviando la atención, como único culpable, a la CIA y su jefe en el
Comité de los 40, Henry Kissinger, en circunstancias que el verdadero director de la
orquesta estuvo y está en el gigantesco Ministerio de Defensa de cinco lados de los
Estados Unidos.
6 de octubre de 1974, 299 (Versión electrónica
preparada por Elena La Valle) |