
Arturo Frei BolivarArturo Frei Bolívar manifiesta
en su libro "La esperanza de Chile", publicado en 1985:
"Dichos organismos (la DINA y CNI) han sido dotados de recursos materiales que
escapan a cualquier sistema de control y sus actividades gozan de la más absoluta
impunidad dependiendo directa y exclusivamente del Jefe del Estado."
"Si bien es cierto que el pronunciamiento militar del 11 de septiembre de 1973 se
presenta en los hechos como la culminación de un proceso de extremo enfrentamiento
político-ideológico en el cual las Fuerzas Armadas fueron llamadas a arbitrar, no es
menos cierto que ya antes de desencadenarse esa crisis en las FF.AA. había penetrado un
esquema de pensamiento con claras connotaciones político-ideológicas: la Doctrina de
Seguridad Nacional, cuya formulación responde a intereses estratégicos de las
principales potencias mundiales de Occidente, en particular Estados Unidos, ligados a las
contingencias de la guerra fría.
La Doctrina de Seguridad Nacional es un modelo ideológico (...) que erige a las Fuerzas
Armadas como actor protagónico de la sociedad, con la misión de asegurar la
supervivencia de la nación y la prosecución de (sus) objetivos, tarea que es definida
como una acción de guerra en contra del marxismo y del comunismo internacional.
Consecuentemente, la posición que adoptan las Fuerzas Armadas frente al gobierno de la
Unidad Popular no podía ser otra que la de beligerancia.
De esta manera, una vez producida la caída del gobierno anterior, el país es declarado
en "estado de guerra" y las Fuerzas Armadas asumen (...) la conducción
política del país (...) que se desarrollará en el futuro de acuerdo con la lógica
bélica antisubversiva.
Desde 1973 Chile ha sido gobernado ininterrumpidamente mediante estados de excepción
(que) se ha justificado con el argumento de que son necesarios para salvaguardar las
condiciones de paz y tranquilidad que estarían amenazadas por la acción terrorista de
pequeños grupos subversivos; es decir, se pretexta que el restablecimiento de la
normalidad en la convivencia nacional dependerían de la mantención de una situación
permanente de anormalidad y que la defensa de los derechos fundamentales de las personas a
vivir en libertad y a preservar la integridad de sus vidas sólo sería posible en un
estado permanente de suspensión de esos derechos fundamentales. Por ello consideramos que
haber desconocido ese aspecto esencial (...) y haberlo reemplazado por políticas
represivas (...) constituye la responsabilidad más grave que pesa sobre quienes gobiernan
a Chile.
Para llevar a cabo su acción represiva, el régimen se procuró de instrumentos
adecuados, como la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y la Central Nacional de
Información (CNI). Dichos organismos (...) han sido dotados de recursos materiales que
escapan a cualquier sistema de control y sus actividades gozan de la más absoluta
impunidad dependiendo directa y exclusivamente del Jefe del Estado.
Mediante el aprovechamiento del estado permanente de excepción en que ha sido declarado
el país desde 1973 y de la existencia de los servicios de seguridad mencionados, el
régimen ha realizado la más brutal violación de los derechos humanos de los chilenos,
sin precedentes en nuestro pasado."
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