En menos de un mes su conciencia dictó los signos de su futuro. Debía ser el líder
natural que derrocaría los intereses de Ricardo Lagos y del actual gobierno que dirige su
primo Eduardo Frei. En un principio dijo que nunca se iba a inscribir en otro partido,
pero un nuevo terremoto interno sacudió sus principios forjados en el tradicional seno
democratacristiano de la familia Frei, donde finalmente, en una oscura sala, tomó el
lápiz y firmó por la Unión de Centro Centro (UCC).
La visita a Pinochet en Inglaterra no sirvió para conquistar la
simpatía de la derecha, ya que Alianza por Chile decidió sonreírle a Joaquín Lavín y
espantar al ambiguo postulante, que sin mucho recato, dio un nuevo salto, asegurando que
iba a dejar al candidato de su ex conglomerado (la Concertación), sin la banda
presidencial.
Con orgullo ha manifestado ser el nuevo César Chávez, y con
pasión ha cantado a "capela" las suprimidas estrofas de la canción nacional,
transformándose, de líder independiente, en el más pinochetista de los candidatos.
Así está actualmente, en tierra de nadie, como diría Coco
Legrand, "entre Tongoy y Los Vilos", al acecho, esperando pegar el zarpazo en el
momento preciso. Sin embargo, el tiempo se acaba y comienza a desaparecer entre la masa de
votantes que ni siquiera lo identifica en algún letrero callejero, o por bendición, en
alguna muralla que se encuentre disponible en Santiago.
Frei Bolivar está despechado, como si hubiera sorprendido a su
novia besándose con el vecino, creyendo que siempre fue importante para su hembra. Pero
no esa así. Éste, perdió las elecciones internas de la DC para repostular al Senado y
como un hombre enamorado, decide tomar venganza haciendo las peores locuras para llamar la
atención. Quiere salir con las chicas más odiadas y encontrar la talla que le calce.
Tal vez, en algún instante llegará a la Moneda, nuevamente despechado,
coqueteando con un ramo de flores y tratando de improvisar su imagen frente a una muchacha
con la que ya "pololeo".