Para los "pinochetistas",
el trabajo no se ejecutó completamente al quedar restos de un pensamiento supuestamente
aniquilado en honor a la Patria. Para los "concertacionistas", el ineludible
dolor de cabeza de verse enfrentados a su propia voz interior, que en virtud de los hechos
favorables, reniegan de un pasado "molotoviano" e izquerdista.
A pesar de los adjetivos de ideología "trasnochada"
que utilizan los columnistas de algunos medios, da la sensación que nadie se enfrenta
directamente con Marín, cuando ésta descalifica públicamente a Pinochet y a sus
colaboradores. Nadie abre la boca.
Cuando Marín acusa directamente al gobierno de "conchas de
su madre" en medio de un chorro de agua, el subsecretario entiende el exabrupto de la
candidata por el ambiente que se vivía.
Y por último, cuando Gladys es invitada a los programas
televisivos, la gentileza y simpatía de sus entrevistadores a veces desborda en moderadas
conversaciones de salón.
La democracia de los acuerdos dejó "off side"
a Marín, quién se las arregla con maestría para aparecer en los medios de
comunicación, aunque sea saltando detrás de los carabineros, caminando en los tribunales
con un vistoso cuello ortopédico, o enfrentando el húmedo "guanaco" que le
dará por lo menos 30 segundos de propaganda en algún noticiero.
Su cara, una eterna publicidad a "Ponds", "Crema
Lechuga" o "Nivea", siempre brilla como si viniese saliendo del baño
turco, digna combinación con el blanco de una sonrisa que muestra la sanidad de su
dentadura. Gladys, si fuese colaboradora de la Concertación, fácilmente podría
participar en alguna campaña del Ministerio de Salud para el cuidado dental infantil que
dijese: "Si quieres tener los dientes de Tía Gladys, cepíllatelos cuando te
levantes".
Además, la candidata comunista, demuestra públicamente sus
dotes de seductora. En el lanzamiento de la fundación Zamorano, fue la más
"coqueta" con el futbolista. Se tomó fotografías, lo abrazó, fue fruto de la
envidia de Sara Larraín(candidata ecologista) que se tuvo que conformar con un beso
protocolar.
Probablemente, Gladys Marín no tiene posibilidades políticas,
ni un proyecto de país acorde a nuestros tiempos, donde el verdadero candidato del pueblo
es el que toca "cumbia" , "batucada" y no el que llama a la
paralización, a la huelga o a la olla común.
El vuelco de nuestra historia, a transformado a la candidata de
la coalición de Izquierda, en líder de una pequeña "elite" constituida por un
sector intelectual que tuvo un rol importante en los cambios de los últimos 30 años,
así como también han cambiado otros personajes que durante la UP marcharon con ella tras
una bandera roja.
Marín, es quizás, la candidata de la conciencia. Es la que provoca íntimos
terremotos a la clase política cuando saben que en un debate se tienen que enfrentar
ineludiblemente a una palabra con historia: consecuencia.