
Tomás MoulianTomás Moulián (Chile actual:
antología de un mito): "La Unidad Popular no los empujó a la
crueldad, sólo les generó la oportunidad de ejercerlo."
"La Unidad Popular (...) tras tres años sin decidir el camino, vacilando
entre "avanzar sin transar" o "negociar para alcanzar estabilidad"
dejó pasar delante de ella no sólo los últimos carros de la historia, también las
diligencias, las carretas, hasta las bicicletas de la historia. La historia, a su manera,
fue benévola con la Unidad Popular. Nunca les ofreció las posibilidades de triunfar,
pero le proporcionó múltiples caminos sucesivos de retroceso hacia puntos inciertos de
estabilidad, pero mejores que la derrota absoluta y sin honra.
La UP no tuvo las posibilidades de triunfar porque la "vía institucional", la
forma más pacífica del tránsito del capitalismo al socialismo, no era todavía una
oportunidad posible. La UP fue la combinación de la voluntad obsesiva de algo imposible,
por parte de unos, y del realismo sin fundamento teórico, por parte de otros.
La UP, indecisa entre la "toma del poder" y la negociación, vivía en
ascuas, cada vez más dividida y cada vez con menos margen real de maniobra. Ya desde la
crisis de octubre de 1972 sus estrategias políticas eran ilusiones. En ese campo de
alternativas rápidamente decrecientes la UP transfirió hacia el discurso la mágica
capacidad de resolución de cuestiones que eran operativamente irrealizables, como si
nombrar el deseo bastara para materializarlo. En la UP se pueden encontrar todas las
virtudes del idealismo, de la voluntad enfervorizada, pero poca capacidad de cálculo
estratégico y racionalidad instrumental. Su discurso revolucionario es el anuncio
verborreico de proyectos y planes que no pueden materializarse, una acumulación delirante
de palabras en el vacío.
La UP sucumbió asfixiada por el acoso externo, las divisiones intestinas, los círculos
viciosos sin solución. No tenía los medios para hacer la revolución que había
anunciado. Como la posibilidad de lo prometido se alejaba, compensó la distancia
creciente entre la realidad y los deseos con declaraciones de fidelidad a sus utopías.
Con ello, hizo cada vez menos posible la negociación que necesitaba. Por la boca muere el
pez, dice el proverbio popular.
En septiembre de 1973 existía un clima de crispación, exasperación, conciencia
extendida de situación límite. Existían las condiciones subjetivas de una
contrarrevolución.
Analizar la configuración de esas pasiones requiere preguntarse ¿Qué significó el
tiempo de la UP para los propietarios afectados, la "gente de orden"? Para ellos
fue un período de caos, donde los perversos comunistas y otros descalzos azuzaron al
roto, soliviantándolo, haciéndole creer que ellos (gente sin educación, instintiva,
borrachina, sin mundo, sin racionalidad ni conocimiento técnico, con una moral primitiva,
etc, etc), podían dirigir las empresas, podían dirigir el país. Para ellos fue una
oscura etapa de demagogos irresponsables, que adularon a la rotada para después quedarse
ellos con lo expropiado, "con lo que nuestra familia con tanto esfuerzo fue juntando
de a poquito, sólo para el bien de Chile (...) El abuelito José, que en paz descanse,
fue hasta padrino de comunión del hijo de ese salvaje Emiliano...ese dirigente de uno de
esos partiduchos de mierda...el que dirigió la toma. ¿Cómo uno no va a querer que los
castiguen bien castigados, para que nunca más le hagan mal a la gente de bien...?"
Este diálogo es imaginado, pero perfectamente verosímil.
Los militares y sus aliados eligieron la contrarrevolución que los conducía al
terror estatal. La Unidad Popular no los empujó a la crueldad, sólo les generó la
oportunidad de ejercerlo."
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