
Gabriel SalazarGabriel Salazar (Violencia Politíca popular en las grandes
alamedas):
En ese contexto la
territorialización y posterior militarización del conflicto era un remate lógico. Casi
indispensable. El punto de intolerancia que gatillo el golpe militar no se
alcanzó por elmero crecimiento autoinducido del movimiento (popular). El aumento
infeccioso dela violencia durante la última fase del gobierno de Salvador Allende tuvo
comoeje principal la violencia contra adversarios y en el desenvolvimiento de eseeje
actuó, como un factor de aceleracion (al menos en términos de iniciativa yde producción
intencionada de hechos políticos), la violencia mesocrática. Ambos bandos (derecha e
izquierda) estaban consumados a fondo su respectivadesclientelización de la
institucionalidad formal establecida en 1925. Un bando,en función de llevar a cabo una
reforma socialista radical de esainstitucionalidad. El otro, utilizando el mecanismo de
las acciones directas yla política callejera de las masas para desestabilizar el
gobiernoconstitucionalmente electo. Los movimientos de masas lograron convertir las calles
y los territoriospúblicos en los ejes centrales de las preocupaciones, el análisis y
losquehaceres políticos, relegando a un plano secundario y casi simbólico losaparatos
formales del Estado, cuyos edificios llegaron a ser, entre agosto de1972 y septiembre de
1973, más significativos e importantes que su contenidoformal. Pero ni uno ni otro
movimiento comportaba un proyecto viable de salida a lacrisis y de construcción
alternativa del Estado. Su antagonismo ideológico y suconvergencia historicista anularon
en los hechos el poder político constructivoque en potencia contenían. El
nacional-populismo se ahorco en la soga de suconflicto interior. Sobre el vacío de esa
horca, los militares debieronintervenir e imponer los proyectos de organización social
que ellos, en sus bienconservadas tradiciones liberales, sabían unilateralmente
implementar. La necesidad de inducir un acelerado proceso de desarrollo productivo
ysimultáneamente otro de desarrollo social, obligó a la clase política civil aabusar de
las limitadas capacidades sociales productivas del estado de 1925. Elresultado fue que esa
máquina de poder sobrecalentada y sobrepasada por elburocratismo, por los movimientos
sociales y por el número abrumador de susenemigos abiertos y encubiertos. En ese contexto
la territorialización y posterior militarización del conflictoera un remate lógico.
Casi indispensable. Tambien era logico que las armas de la nacion derrotaran en la calle y
en todaspartes a las masas populares. Pero lo que no fue lógico (era) que la
intervención militar se orientara tanexclusivamente a destruir el protagonismo popular y
a restablecer en Chile lamás pura tradición librecambista-portaliana. No a favor, sino a
contracorrientede lo que había construido en el país desde 1920 o antes, la marea
histórica delsiglo XX. La revolución liberal impuesta por las Fuerzas Armadas y sus
asesores civilesdesde 1973 constituyo, en gran medida, una revolución restauradora,
modernizanteen su conexión histórica, pero antihistoricista en su conexión
externa. |