Avenida del Telégrafo -
San Francisco
El Bart se ha detenido en Berkeley Station. Este
tren subterráneo de San Francisco no es tan iluminadamente familiar como el Metro de
Santiago que a veces permite observar como se pierde la imagen de tu novia en el andén de
enfrente, entre las ventanas, el olor a goma quemada y el color celeste del carro que
acaba de penetrar la estación.
Las puertas se abren y desde ese momento comienzas a sentir
que subes una colina, que estás en constante ascenso. Has llegado a Shattuck Street, el
corazón de Berkeley, pero debes seguir caminando hacia arriba un par de cuadras hasta
internarte en el Campus de la Universidad de California. Sólo debes caminar...
Al traer a la memoria ciertas imágenes del mundo,
nuestra mente arroja instantáneamente símbolos. No es necesario nombrar el lugar, su
arquitectura, la construcción está allí, dando vueltas periódicamente como un
sueño algún día alcanzable. El Coliseo Romano, la Torre Eiffel, la Estatua de la
Libertad, el Partenón y finalmente el puente Golden Gate.
San Francisco, es la ciudad del largo puente de oro, de la
falla de San Andrés, de las libertades sexuales, de Alcatraz, la otrora cárcel más
segura del mundo. Sin embargo, más allá de la hermosa postal que venden las agencias de
turismo, sobre las colinas podemos encontrar un sitio que aún huele a flores y a la
revolución.
Hemos llegado. Atravesamos la universidad de
Berkeley y desembocamos como un río en Telegraph Avenue, que se transforma en la
continuación de colores, sabores, y de los sonidos del mundo, que algún día
se estancaron en las luchas pacifistas al ritmo frenético de Joplin, Hendrix , Morrison y
que en la actualidad son las principales almas vigilantes de la calle del telégrafo.
Aquí estamos, parados frente a un baterista
callejero que
se ha convertido en un monumento sonoro durante las horas de luz y que al compás de James
Brown conquistó los oídos universitarios, a tal punto, que éstos formaron su fans club.
Los tambores, que combinan con el color obscuro del
músico se confunden entre los gritos de un predicador que levanta una pancarta
señalando: "a pocos días del fin del mundo, todos renuncien a sus trabajos para
dedicar la vida a dios".
Telegraph, se hizo mundialmente conocida a
principios de los 70s debido a los violentos desordenes estudiantiles en defensa de
un parque que iba a ser utilizado para levantar edificaciones. Aquel parque es
conocido como "peoples park" (el parque de la gente) y en la actualidad es
la residencia de cientos de vagabundos que fueron activos participantes del movimiento
pacifista de los 60s, jóvenes que abandonaron sus casas, o soldados de la guerra de
Vietnam que luego del cierre masivo de hospitales psiquiátricos durante la
administración Reagan se vieron obligados a vivir en las calles.
Esta avenida entrega en sus cuatro primeras cuadras,
una variedad infinita de sensaciones que invaden el espíritu de cualquier ser.
Restaurant, disquerías, tiendas, cantantes, perros, y artesanos. Es imposible imaginar
tanto, pero allí está.
La música suena desde dos gigantescas disquerías,
Rasputín y Amoeba. La característica de ambas es que se hacen llamar la "MECA"
de los discos de vinilo. Allí puedes encontrar desde los primeros singles que utilizaban
"galletas" para sonar en el tocadisco, hasta las últimas ediciones de
hip-hop.
Pero lo más fantástico para las personas que andan
turisteando, es la posibilidad de comprar discos compactos usados, donde por sólo U$ 4.95
encontrarás CDs que están disputando los primeros puestos en los rankings.
De la misma forma, las librerías se sostienen por
la modalidad de lo usado y lo nuevo, como así mismo, existen las pequeñas librerías
especializadas con textos esotéricos, orientales o simplemente universitarios.
Los olores se mezclan con los sabores en estas pocas
cuadras. Desde una Pizza con Coca-Cola por U$ 2.25, pasando por comida china, vegetariana,
mexicana, italiana, y la infaltable hamburguesa, transforman a Telegraph en un centro
gastronómico, musical, y cultural diseñado para los estudiantes del mundo.